Biografía Manuel Maier

(por SPUTNIK NEWS)

Ya estaba pensando en su próxima ave. Su sueño era tener un gavilán mixto, un pájaro considerado de los mejores para la disciplina. Son aves territoriales y muy inteligentes. Por suerte para él son nativas de Uruguay.

 

Esa oportunidad llegó paseando por el zoológico. Manuel se dio cuenta que en las jaulas de aves rapaces había uno de esos especímenes. Habló con el director del lugar, quien le contó que era un pájaro problemático por su nivel de agresividad. El encargado de alimentar a las repaces le tenía miedo. "Me dieron permiso para que me lo lleve pero el problema era agarrarlo. Empecé a ir todos los días al amanecer. Probé todas las trampas que tenía. Caían todas las demás aves de la jaula menos él. Tuve que inventar un sistema especial para atraparlo. Lo entrené. Logré adiestrarlo y sacarle toda esa agresividad. Lo tengo hasta el día de hoy", contó Maier.

 

Manuel salía a recorrer el barrio en bicicleta con su nuevo gavilán. Juntos cazaban palomas. Entonces comenzó a filmar videos y a divulgarlos en el ambiente de la cetrería. Así fue que captó la atención de Nick Fox, el cetrero número uno del mundo. Fox quedó impresionado con las imágenes de Manuel y lo invitó a trabajar con él durante seis meses en el criadero de halcones más grande del mundo, en Gales. Juntos fueron a Inglaterra durante cuatro meses para controlar una plaga, los cuervos. Luego de esta experiencia viajó a España y trabajó seis meses en un aeropuerto controlando con sus aves que otros pájaros no fueran succionados por las turbinas de los aviones, y de este modo evitar accidentes.

 

A los 15 años Manuel Maier, que hoy tiene 36, descubrió un interés que muy poca gente en el continente podía entender, la cetrería, un arte milenario que consiste en adiestrar aves rapaces para cazar.

 

"Cuando empecé, en 1995, no se conocía mucho sobre esta disciplina en Latinoamérica. Investigué de forma autodidacta hasta que conseguí mi primer halconcito y lo entrené", dijo a Sputnik Manuel Maier, presidente de la Asociación Uruguaya de Cetrería.

 

Vivía en El Prado, un barrio tradicional de casas y quintas de Montevideo. Se había obsesionado con el tema. Un día caminando por la calle vio un halcón en el cielo y persiguió su vuelo hasta encontrar el nido.

 

A partir de entonces, todos los días —durante seis meses—, fue al sitio en su bicicleta. Al fin nacieron los pichones que tanto esperó y pronto comenzaron a tratar de volar. "Yo sabía que los primeros vuelos eran una de las mejores etapas para agarrarlos. Después de varios intentos logré atrapar uno. Lo llevé a mi casa. Mis padres creyeron que me había vuelto loco. Así empezó mi primera aventura de adiestramiento y caza con un halcón. Se llamaba Arwen. Con ella cacé 84 pajaritos", dijo Manuel, quien para mantenerla sana crió ratones y los integró a su dieta. "Para que estén bien hay que alimentarlos con lo que ellos comerían en su habitad", explicó. La tuvo dos años y la liberó entrenada para cazar y sobrevivir en la naturaleza.

 

 

 (por SPUTNIK NEWS)

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